Camilo Pierre Castro, un ciudadano de nacionalidad francés-chilena que residía en Venezuela tras haber huido de la dictadura de Pinochet, ha roto el silencio desde Ginebra, Suiza, tras ser liberado por el régimen de Nicolás Maduro. En un testimonio que expone la crudeza del sistema penitenciario venezolano, Camilo Pierre Castro describió su paso por el centro de reclusión Rodeo I como una experiencia de deshumanización sistemática, calificando el lugar de manera contundente como "el infierno en la tierra",.
Detenciones arbitrarias y la fabricación de "falsos positivos"
Según el relato de Pierre Castro, su detención fue "totalmente arbitraria" y carente de cualquier fundamento legal inicial. El exdetenido explicó que el régimen utiliza pretextos triviales —como vestir una camiseta blanca o simplemente ser extranjero— para justificar los arrestos. Tras ser capturado, fue sometido a un aislamiento total, sin comunicación ni acceso a abogados, bajo acusaciones de espionaje y terrorismo que él califica como "falsos positivos".
El francés denunció que los procesos judiciales son una farsa organizada en los pasillos de las prisiones durante la noche, donde las pruebas y los cargos son "copiar y pegar" de otros casos similares. “Básicamente somos todos los extranjeros aquí secuestrados... nos quieren hacer entrar en su cajilla de espías”, afirmó Piercastro, señalando que el objetivo es alimentar una narrativa política.
Condiciones inhumanas y crisis sanitaria en Rodeo I
El testimonio detalla las atroces condiciones físicas de las celdas en el Rodeo I, las cuales miden apenas 2 por 4 metros. Relató que el espacio para las necesidades fisiológicas es una letrina que permanece contaminada con bacterias las 24 horas del día, generando un olor tan fétido que provocaba vómitos constantes e impedía comer.
Además, denunció que las celdas se desbordaban frecuentemente con aguas residuales y heces, obligando a los prisioneros a limpiar los pasillos sin guantes ni desinfectantes. La precariedad llega al punto de que los internos duermen sobre estructuras de cemento, a menudo sin colchones, sábanas o mantas para cubrirse del frío, vistiendo únicamente un pijama,.
La "tortura blanca" y el quiebre psicológico
Más allá de las condiciones físicas, Piercastro hizo hincapié en la existencia de un sistema de "tortura blanca" o psicológica diseñada para que el prisionero pierda su humanidad, identidad y fuerza. Este método incluye estímulos constantes de ruidos, protocolos de gritos en la madrugada y el uso permanente de capuchas y esposas durante cualquier desplazamiento.
El relato también menciona castigos físicos y amenazas extremas, como el uso de una cámara de gas en el sótano donde se arrojan gases lacrimógenos a los prisioneros, o el traslado al "cuarto pico" para recibir golpizas. Advirtió que, aunque este tipo de tortura no siempre deja marcas visibles en el cuerpo como la electricidad o las bolsas de insecticida, deja secuelas psicológicas imborrables.
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