En diálogo con Mañanas Blu, el padre Alberto Reyes, párroco de Esmeralda en Camagüey, ofreció un crudo relato sobre la situación que atraviesa Cuba, describiendo un panorama de miseria, falta de servicios básicos y una profunda crisis de salud que ha llevado a la población a un estado de desesperación.
Según el sacerdote, la isla ha vivido bajo una dictadura durante casi 70 años, y la gestión deficiente de este sistema es la verdadera causa del desastre actual, más allá de las presiones externas.
El día a día de la precariedad: apagones y falta de medicinas La vida cotidiana en la isla está marcada por apagones constantes que pueden durar días, lo que provoca que los alimentos se pudran y que las familias pierdan lo poco que tienen, como la leche para sus hijos.
Sin embargo, la mayor tragedia señalada por Reyes es lo que él denomina un "genocidio silencioso". Este término se refiere a la muerte de ciudadanos por la ausencia total de medicamentos básicos para la vida, fallecimientos que, según denuncia, no suelen contabilizarse oficialmente.
El colapso del turismo y las plagas El turismo, que históricamente ha sido un motor económico para Cuba, ha caído estrepitosamente. La isla no puede garantizar seguridad ni bienestar a los visitantes debido a la falta de suministros básicos en los hoteles y a un grave problema de insalubridad.
Reyes describe ciudades convertidas en "basureros inmensos", lo que ha propiciado el aumento de plagas y virus como el Chikungunya, que deja a las personas inmovilizadas por el dolor articular.
La esperanza en medio de la "asfixia" A pesar de la precariedad extrema, el padre asegura que el ciudadano de a pie en Cuba experimenta un sentimiento de esperanza ante el recrudecimiento de las sanciones y la falta de combustible. "Lo que se respira en Cuba es 'ya viene la libertad'", afirma, explicando que muchos cubanos están dispuestos a que la situación empeore si ese es el precio necesario para que el régimen finalmente ceda y termine la "pesadilla" de décadas.
El papel de la Iglesia y el éxodo de los jóvenes La Iglesia Católica mantiene comedores y mecanismos de solidaridad a través de Cáritas, aunque se encuentran desbordados y dependen de las donaciones externas, como la reciente ayuda humanitaria de Estados Unidos tras los últimos huracanes.
Mientras tanto, la generación más joven no ve un futuro en la isla; su único ideal es emigrar para escapar de la represión que sigue a cualquier intento de protesta.
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