En Santa Marta, las autoridades asestaron un nuevo golpe contra el narcotráfico internacional y todo gracias al olfato de un perro policía que detectó algo raro en un contenedor que, en teoría, solo llevaba harina, pero no.
Dentro del cargamento, cuidadosamente camuflada entre sacos y bultos, iban escondidos más de 4.100 kilos de cocaína. Una cantidad suficiente para producir aproximadamente 10 millones de dosis, que estaban a punto de cruzar el Atlántico con rumbo a Amberes, uno de los puertos más importantes de Bélgica y puerta de entrada de este tipo de cargamentos ilegales a Europa.
Todo ocurrió en el marco de una operación de control dentro de la ofensiva que adelanta la Policía contra el multicrimen y las economías ilícitas.
El perro antinarcóticos, junto a su guía, marcó de inmediato la alerta sobre una posible contaminación del cargamento. Fue ahí cuando se tomaron muestras y las enviaron al laboratorio de la Dirección de Investigación Criminal e Interpol.
El resultado, como era de esperarse, fue positivo para cocaína, y eso confirmó las sospechas: los narcos habían intentado usar harina como fachada para esconder miles de kilos de droga, pero esta vez no les sirvió.
El contenedor fue retenido y la carga decomisada antes de que pudiera ser embarcada. De acuerdo con las autoridades, este decomiso representa no solo un enorme golpe económico a estas estructuras criminales, sino que también evitó que llegaran al mercado europeo millones de dosis que habrían alimentado el consumo y la violencia asociada al narcotráfico.