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El viacrucis de las adolescentes venezolanas que tienen que cambiar sexo por comida en la frontera

Redes de trata de personas buscan a sus víctimas dentro de las migrantes que van cruzando a diario la frontera con Venezuela y las reclutan para someterlas a vejámenes.

Explotación sexual // Foto: AFP
Explotación sexual // Foto: AFP
AFP

Cuando cae la noche sobre la frontera de Cúcuta, a pocos pasos de los puentes internacionales que llevan a Venezuela, se activa un "negocio" que en la luz del día no se ve con frecuenta: la explotación sexual.

En la oscuridad, y con un pedazo de cartón que compraron en una tienda, varias mujeres venezolanas tratan de descansar su cuerpo luego de pasar un intenso día en las calles, incluso, sin probar un bocado de comida.

No obstante, ese mismo cuerpo será utilizado en horas de la madrugada como una “herramienta de trabajo", pues las redes de trata de personas, sin ningún tipo de escrúpulo, se aprovechan de su hambre para conseguir dinero y cambiar sexo por comida.

En esta historia, las protagonistas son las adolescentes extranjeras que cruzan los fangosos terrenos de la trocha para buscar algo de comer.

Aunque su cuerpo se ha desarrollado rápidamente y sus rasgos físicos se asimilan a la de una mujer mayor de edad, siguen siendo unas niñas a la deriva, que son abusadas por hombres que las buscan en los cartones que utilizan para dormir.

“En la frontera la situación es devastadora. Estuvimos en una de las trochas por donde llegan cientos de mujeres en extrema precariedad donde alquilan por 2.000 pesos un cartón para dormir y vimos su tragedia”, indicó Claudia Quintero, directora de la Corporación Anne Frank.

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Cada noche hay alto paso camioneros y demás personas. Ahí se ve cómo las niñas se quedan en la calle esperando que alguna persona las abuse y les pague por esto. Es realmente doloroso porque se naturalizó esta situación
añadió Quintero.

Según se pudo conocer, los proxenetas ya saben dónde ubicar lo que ellos llaman "mercancía" y que son aquellas víctimas.

En cada punto de la frontera las redes cobran un porcentaje a las menores que deben soportar que uno, dos o tres hombres las toquen a diario, sin derecho a renegar del aspecto de cada "cliente".

"Es sexo por comida. Por ejemplo, un camionero para, las chicas van a hacer un acto sexual con el hombre por 2.000 o 5.000 pesos y luego ellas pueden después acceder a alimentos”, puntualizó Quintero.

“Entonces nos damos cuenta que hay redes de trata de personas interna que están trayendo a las niñas, aprovechándose de algo tan importante como el hambre y la pobreza ¿Qué le pasa a un hombre por la cabeza para ir a comprarle sexo a una niña o a una mujer que lleva días sin poder comer?”, añadió.

Según la Corporación Anne Frank, que trabaja en pro de la abolición de toda forma de explotación del cuerpo de las mujeres y niñas, las redes de explotación buscan en los pasos irregulares a las migrantes que necesitan una fuente de ingreso, las reclutan y luego las prostituyen en territorio colombiano.

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