Hoy es el día internacional de la audición. El cual se celebra desde 2007 gracias al impulso de la Organización Mundial de la Salud para conseguir la detección temprana de cualquier tipo de deterioro de la audición, prevenir la sordera y fomentar la salud auditiva. Este es su objetivo principal, pero creo que es una buena ocasión para reflexionar sobre nuestra capacidad de escucha. De hecho, los estudios muestran que más de 50 % de gerentes fallan en escuchar efectivamente, a pesar de que la mayoría reconoce que es clave y que 86 % de trabajadores reportan desafíos de comunicación, incluyendo respuestas tardías o malentendidos frecuentes lo que se relaciona con fallas en escuchar eficazmente.
Por eso hoy cada vez más se habla de la importancia de la escucha activa. La escucha activa no es quedarse callado mientras el otro habla. Es algo mucho más exigente: es decidir comprender antes que responder.
En la vida cotidiana confundimos oír con escuchar. Oír es biológico; escuchar es un acto de voluntad. Cuando practicas la escucha activa haces tres cosas al mismo tiempo: prestas atenciones reales, suspendes el juicio inmediato y confirmas que entendiste lo que el otro quiso decir.
Eso implica dejar el celular, frenar el impulso de interrumpir, y sobre todo callar la voz interna que ya está preparando la réplica. Porque muchas veces no escuchamos para entender, sino para defendernos o para ganar.v La escucha activa tiene componentes concretos:
1. Presencia total: mirada, postura, silencio atento.
2. Validación emocional: reconocer lo que el otro siente, aunque no estés de acuerdo.
3. Parafraseo: devolver con tus palabras lo que entendiste (“Si te comprendo bien, te sentiste…”).
También es necesario hacer preguntas abiertas: invitar a profundizar en lugar de cerrar la conversación.
Pero hay algo más profundo: escuchar activamente es un acto de humildad. Significa aceptar que el otro tiene un mundo interior tan complejo como el tuyo.
En relaciones de pareja, en equipos de trabajo, en la radio incluso, la escucha activa transforma el clima emocional. Reduce conflictos porque muchas discusiones no nacen de la maldad, sino de la sensación de no ser comprendido.