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Escuchemos a los adultos mayores, a nuestros abuelos, no esperemos a que mueran para valorarlos

El papa Francisco instauró este domingo la celebración del día del abuelo, una manera para entender la importancia de nuestros maestros de vida. Este año, la jornada será el 25 de julio.

Alberto Linero
Alberto Linero
Foto: cortesía

Este domingo el papa Francisco tras el rezo del Ángelus en la biblioteca del palacio apostólico del Vaticano, anunció la celebración del día del abuelo, una manera para que la comunidad tenga presente y agradezca el papel de estos, más exactamente, de los adultos mayores en la cotidianidad.

Me pareció un tema apropiado en medio de esta pandemia en la que han muerto muchas personas pertenecientes a esta población. Todos hemos escuchado historias de amigos que han perdido familiares mayores, o los hemos perdido nosotros. Recordemos que la OMS considera que a partir de los 65 años se inicia la tercera edad.

En Colombia, por ejemplo, han muerto 29.766 personas mayores de 70 años, esto es, casi el 56% de los fallecidos a causa del COVID.

Entiendo que vivimos en una época en la que se adora la novedad, y por ende se aprecia más la juventud y se mira con lástima y hasta con cierto desprecio la vejez, ya que se valora al que más rinde y produce. Por eso, algunos ven como un estorbo y hasta como un descarte a aquellos que son viejos, pero cuando se trata de que son sus “viejos” los que mueren, la ausencia les impone dolor y tristeza.

Tenemos que valorar a los mayores. No se trata de darle a la vejez características que no tiene, ni de absolutizarla como el ideal de la vida, y es obvio que todos preferiríamos tener menos años y más fuerza de la que tenemos, pero sí se trata de entender que ellos representan la experiencia, el conocimiento acumulado, la serenidad, mejor dicho, eso que llamamos la sabiduría de la vida.

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Ahora, cuando la pandemia se ha llevado a muchos de ellos, se hace necesario tomar la decisión de no maltratarlos, de reconocer sus aportes y de abrir espacios para que sigan proponiendo sus ideas a nuestra visión de la vida. No se trata de condescendencias que los inhabiliten, sino de respeto y de cuidarlos por lo que representan para nosotros.

El Papa Francisco, un hombre de 84 años, dice: “«Los ancianos son una gran inyección de sabiduría también para toda la sociedad humana: sobre todo para la que está demasiado ocupada, demasiado empeñada, demasiado distraída».

Y sí, también yo creo que ellos nos enseñan a poner nuestra atención en lo que realmente lo merece. Sin duda los viejos son maestros de nuestras vidas, escuchémoslos.

Escuche la reflexión y el análisis de Alberto Linero en Mañanas BLU:

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