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La Corte no debe descalificarse por su fallo: el Evangelio nos exige una vida digna y dar respeto

Me sorprendió el sermón del padre Alcides González de la parroquia de Socorro, que tildo de debates a los magistrados y los comparó con Stalin, Hitler y hasta Putin.

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Alberto Linero
Foto: Instagram @PLinero

Este martes se hizo viral un video en el que el padre Alcides González Porrasde la parroquia Chiquinquirá, de Socorro, Santander, tildó de cobardes en su sermón a losmagistrados de la Corte Constitucional y los comparó con los dictadores Stalin, Hitler y hasta con el actual presidente de Rusia, Vladimir Putin; esto, por el fallo del lunes 21 de febrero sobre la despenalización del aborto hasta la semana 24.

A mí no deja de sorprenderme el tono y las palabras usadas por el clérigo. Puedo entender su posición de estar en contra del fallo y de fijar argumentos desde su fe para no considerarlo válido, pero no que descalifique una institución tan importante para nuestra democracia como lo es la Corte, y que lo haga con afirmaciones irrespetuosas y agresivas desde el púlpito, que debe ser siempre fuente de la buena noticia del Evangelio.

Creo que tenemos derecho a vivir firmemente de acuerdo con las opciones de fe que hemos hecho, pero también tenemos el deber de respetar los valores y las opciones de vida que han hecho los otros. La verdad no se impone, sino que se comparte desde el respeto y la libertad, y considero que esa es una de las maravillas de la democracia y de un Estado que garantice la libertad de creencias para todos.

No me imagino viviendo en un Estado en el que se me prohíba el ejercicio de mi fe por cualquier razón, y por lo mismo, no apoyaría tampoco que ningún Estado lo hiciera contra personas que crean distinto a mí. Entiendo la radicalidad del Evangelio, pero no el fanatismo.

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Creo que la tarea, más que intentar ridiculizar, insultar y desprestigiar a los otros, es realizar un trabajo pastoral en el que las personas puedan vivir las consecuencias de su fe responsablemente y no pretendan imponérselas a los demás.

Estoy seguro de que esa es la elección que debemos hacer quienes hemos acogido el mensaje de Jesús como un proyecto existencial para vivir. El Evangelio es una opción por la vida digna y eso exige que respetemos a los demás.

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