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La grandeza de reconocer al otro y aprender de él para crecer como persona

Con la humildad, la argumentación y reconocer al otro se alimentan los proyectos personales y de la sociedad, minimizando la violencia.

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Alberto Linero
Foto: Blu Radio

Desde el orgullo y la seguridad de nuestros argumentos se considera que lo más importante es siempre avasallar al contradictor, mostrar las incoherencias y poca veracidad de sus afirmaciones y en algunos tristes casos ridiculizarlo y descalificarlo. Lo cual sólo es posible desde la creenciade que se posee la absoluta verdad. Es decir, que todo contradictor además de estar equivocado es un pobre ser sin muchas posibilidades de comprensión. Algunas veces, lo peor es que no sólo se le analizan sus afirmaciones y posiciones, sino que se duda de su moralidad, siempre a partir de la superioridad moral de suponer que tenemos la razón.

Por eso, ayer cuando escuché al expresidente Juan Manuel Santos hablar de la necesidad de estar dispuestos a aprender del contradictor, me sentí invitado a reflexionar en torno a tres actitudes muy necesarias, para construir colaborativamente tanto el propio proyecto personal de vida, como el de sociedad:

  1. Humildad, entender que no las sabemos todas, que no podemos partir siempre del desprecio del otro; la suficiencia con la que algunos alardean exponiendo sus ideas refleja más una emoción de inferioridad que los mueve interiormente.
  2. Argumentación, son los argumentos bien soportados por cifras, por estadísticas y evidencias las que nos permiten intentar persuadir a otros de la verdad que decimos. No es con gritos, ni acusaciones morales como se demuestra la razón que nos asiste, a veces, estas expresiones altisonantes lo que hacen es servir de escondites al sentir que no tenemos razón.
  3. Grandeza para reconocer que el otro nos enseña, que juntos somos más, que es en el acuerdo donde podemos resolver los problemas y hacer proposiciones que respondan a los desafíos que se nos presentan.

Este tipo de reflexiones son propicias para todos: padres de familia, parejas, jefes de equipos de trabajo, líderes políticos, etc. Sin humildad, sin capacidad argumentativa y sin grandeza para aprender, quedamos en manos de la violencia en cualquiera de sus formas que, así algunos la defienden, siempre empeora las situaciones.

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