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Los carnavales más que dar alegría son una forma de expresión cultural

Con los carnavales las calles se llenan de personas en una fiesta, con comparsas y disfraces que cuentan historias y preservan tradiciones que definen al pueblo.

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Alberto Linero
Foto: Blu Radio

La alegría inunda las calles, y en cada esquina, brota una fiesta. Las comparsas y disfraces, con su ingenio, satirizan los acontecimientos locales y nacionales que acapararon titulares durante todo el año pasado. En cada barrio resuena la cumbiamba, cuya preparación comienza semanas antes, listas para brillar en los coloridos desfiles folclóricos.

Crecí en una familia carnavalera; mis padres no se perdían el baile en la caseta El Cañonazo, viviendo los cuatro días de festividad a pleno. Así guardo en mi memoria los carnavalesde mi infancia.

Hoy, mi percepción se ha enriquecido; veo el carnaval no solo como un despliegue de alegría y una forma de ridiculizar la realidad para liberarnos del estrés cotidiano, sino también como una de las expresiones culturales más significativas de nuestra identidad caribeña de nuestro ser vestido de fiesta. Esta celebración, que encuentra su máxima expresión en Barranquilla, es un crisol de las manifestaciones más emblemáticas de la memoria de nuestro pueblo, del Caribe colombiano y del majestuoso Río Grande de la Magdalena.

Se hace presente la herencia africana en las caderas que se bambolean al ritmo de los tambores que repican, las elegantes polleras que evocan las tradiciones españolas y los agudos sonidos indígenas que se funden en esta paleta de colores y armonías. Me emociona cómo esta festividad derriba esas bardas sociales que jerarquizan los espacios sociales, dando paso a la mezcla de todas y todos en un mismo espíritu de celebración.

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Dentro de cada comparsa, danza y cumbiamba, como Los Coyongos, El Paloteo, Las Farotas de Talaigua, El Gusano y Las Pilanderas, se cuentan historias y se preservan tradiciones que definen a nuestro pueblo. Los disfraces de monocucos, marimondas y las ingeniosas parodias nos recuerdan que la alegría es eterna, y no se limita solo a esos cuatro días.

El barrio Abajo, con sus profundas tradiciones, nos acogerá y recordaremos que para ser felices, debemos aprender a disfrutar la vida. Divertirse desde la moderación y el dominio de sí mismo.

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