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Los milagros son más cotidianos de lo que creemos y dan sentido a nuestras vidas

Respeto a todos los que creen que no existen los milagros y entiendo que todo tiene una posible explicación científica, pero eso no implica que no podamos encontrar en esas acciones un significado, un valor espiritual.

Alberto Linero
Alberto Linero
Foto: suministrada

Leemos esas noticias que nos entristecen y que muestran nuestra insania mental, una mujer sobrevive luego de ser atacada con un hacha por su pareja o las que manifiestan la poca cultura vial como la de un carro que marcha a alta velocidad arrolla a un ciclista pero este sale ileso, o la de la joven piloto que sobrevive en un accidente cuando su avioneta cae cerca del humedal de Guaymaral. Y me encuentro con la expresión: “milagrosamente sobrevivieron”, que busca resaltar lo extraordinario de estas situaciones. Esto me hace volver a pensar en esa realidad espiritual que llamamos “Milagros.

El ser humano no lo conoce todo, y hasta hoy tiene algunas realidades que no puede explicar de manera coherente y convincente, esto no sólo lo reta en sus intenciones de explicarlo todo, sino que le genera mucha admiración, y tiene que construir algunos relatos que le hagan entender por qué suceden las cosas.

Muchas de estas realidades nos permiten a los creyentes hacer una lectura, y las interpretemos como milagros. Sí, para mí un milagro es un acontecimiento humano, ordinario, en el que experimentamos la actuación de Dios en favor nuestro. Son situaciones en las que no tenemos una explicación categórica a la mano, y en las que creemos experimentar, desde nuestra fe, la acción salvífica de Dios.

Creo que siempre hay milagros que son más cotidianos de lo que nosotros creemos, y que requerimos una actitud sencilla de fe y de confianza para descubrirlos y celebrarlos. Creer en ellos no implica una actitud irresponsable ante la vida, ni pensar que las cosas se resuelven mágicamente, sino al contrario, exigen un esfuerzo en el uso de nuestra inteligencia y todas nuestras demás capacidades, para obtener los resultados esperados, tratando de extinguir al máximo el margen de error.

La fe nos compromete a vivir responsablemente, a tratar de ser cada día mejores seres humanos, y a la vez, nos permite esperar y confiar en Dios. Respeto a todos los que creen que no existen los milagros y entiendo que todo tiene una posible explicación científica, pero eso no implica que no podamos encontrar en esas acciones un significado, un valor espiritual. De alguna manera cuando hablamos de milagro, no estamos respondiendo al paradigma del “qué” ni “por qué” pasó, sino que nos preguntamos el “para qué pasó”. Los acontecimientos que vivimos como milagros le dan un sentido a nuestro proyecto de vida.

Escuche la reflexión de Alberto Linero en Mañanas BLU:

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