Publicidad

Publicidad

Publicidad

Publicidad

Reciba notificaciones de Blu Radio para tener las principales noticias de Colombia y el mundo.
No activar
Activar

Publicidad

Solo podremos ser felices si somos capaces de entender que la diferencia es una riqueza

El Día de la Cero Discriminación nos invita a generar un lenguaje, actitudes y comportamientos que destaquen lo único que es cada ser humano y proclamen nuestra igual dignidad.

Alberto Linero
Alberto Linero
Foto: cortesía Alberto Linero

Este martes, según la Organización de las Naciones Unidas, se celebra el “Día de la Cero Discriminación” como una invitación a generar un lenguaje, actitudes y comportamientos que destaquen la unicidad de cada ser humano y proclamen nuestra igual dignidad, entendiendo que todos gozamos de los mismos derechos. Creo que podríamos preguntarnos por qué discriminamos; yo encuentro dos razones evidentes:

1. Porque le tenemos miedo al diferente, porque todo lo que no conocemos nos genera temor y eso nos hace agresivos, violentos y capaces de apartar a cualquiera de nuestro lado.

2. Porque hemos vivido desde el concepto de la “normalidad”, asumiendo que aquel que se sale de la media común de los seres humanos, es anormal y extraño.

Fernando de la Rosa lo explica en estos términos: “Aceptar la normalidad como modelo a seguir implica que nos acercamos todos a una media. Una media implica que lo que tenemos en común tiene mayor peso que lo que nos diferencia. Creo que debería ser al revés: Somos todos diferentes, pero tenemos algunos puntos en común. Yendo un paso más allá, todos intentamos mantener un equilibrio entre dos grandes fuerzas: nuestra individualidad y la necesidad de pertenencia a la sociedad. Todos somos diferentes y necesitamos muestras de nuestra individualidad personal que confirmen nuestra identidad” cierro cita.

Publicidad

En este sentido, lo que necesitamos es ser capaces de liberarnos de los prejuicios, de los miedos frente a la diversidad, pero a la vez, del deseo irracional de querer que todos tengamos las mismas características físicas, intelectuales, religiosas, culturales, etc. Nadie tiene más dignidad que otro por tener tal o cual característica, ni se puede construir una sociedad justa y equitativa si las relaciones se plantean desde paradigmas excluyentes.

Estoy seguro de que cada, uno en la medida que más se conoce, tiende a aceptar a los otros tal cuál como son, porque se da cuenta de sus imperfecciones y de la necesidad de ser aceptado y reconocido por todos. Sólo podremos ser felices si somos capaces de entender que la diferencia es una riqueza y que siempre podemos construir consenso y no es necesario marginar a nadie.

Publicidad

  • Publicidad