El llanto persistente de dos niñas rompió la rutina del barrio Ricaurte, en la localidad de Los Mártires, en el centro de Bogotá. Detrás de unas rejas, asomadas con miedo y desesperación, las menores pedían comida. Tenían 4 y 7 años y, según las primeras verificaciones, llevaban un tiempo considerable solas dentro de una vivienda, sin la compañía ni el cuidado de ningún adulto responsable.
Fueron ciudadanos que pasaban por el sector quienes notaron la escena. Los gritos y el llanto de las niñas, pertenecientes a la comunidad indígena emberá, llamaron su atención. Al acercarse, confirmaron que estaban encerradas y aparentemente abandonadas, por lo que decidieron dar aviso inmediato a las autoridades.
Tras recibir la alerta, unidades de la Policía llegaron al lugar y, con la autorización de uno de los propietarios del inmueble, ingresaron a la vivienda. En su interior encontraron a las dos niñas en condiciones de abandono, sin supervisión adulta y en una situación que ponía en riesgo su bienestar. La escena evidenciaba no solo la soledad de las menores, sino la vulneración de sus derechos básicos.
Las niñas fueron trasladadas de inmediato a una entidad administrativa de protección, donde se activó el proceso de restablecimiento de derechos. Allí recibieron valoración médica y quedaron bajo custodia institucional, mientras se adelantan las investigaciones y se define su situación familiar y social.
Este caso vuelve a poner en evidencia la vulnerabilidad de algunos niños y niñas, en especial de comunidades indígenas que se encuentran en contextos urbanos adversos. Las autoridades reiteraron el llamado a la ciudadanía para que no sea indiferente ante señales de abandono o maltrato infantil y para que denuncie oportunamente cualquier situación que ponga en riesgo la vida o la integridad de menores de edad.