El HIC Instituto Cardiovascular de la Fundación Cardiovascular de Colombia (FCV), ubicado en Floridablanca, Santander, alcanzó un hito en su trayectoria médica al realizar su trasplante de corazón número 300. El procedimiento se llevó a cabo a un joven de 28 años que permaneció cerca de tres meses en lista de espera para recibir un órgano compatible.
Se trata de Juan Andrés Rondón Ochoa, un enfermero profesional oriundo de Tunja, Boyacá, quien fue diagnosticado con una cardiopatía dilatada de probable origen genético. Su trasplante fue exitoso y, tras completar su recuperación hospitalaria, recibió el alta médica para continuar con un proceso de rehabilitación cardíaca y controles especializados.
Publicidad
La intervención requirió una operación logística para garantizar que el corazón llegara a tiempo. Mientras el paciente se dirigía al hospital, un equipo médico de la institución se desplazó en un avión ambulancia hasta Barranquilla para recoger el órgano y trasladarlo a Santander.
Cada trayecto aéreo tomó aproximadamente 40 minutos, a lo que se sumó el desplazamiento terrestre entre los aeropuertos y el centro médico. La aeronave propia de la institución permitió agilizar el transporte, mientras el equipo quirúrgico preparaba las condiciones para realizar la cirugía.
“El tiempo es un factor determinante, porque el corazón debe mantenerse en condiciones adecuadas durante las 4 a 6 horas que tenemos para preservarlo antes del trasplante. En el caso de Juan, todo se cumplió dentro de ese margen y pudimos realizar el procedimiento”, explicó el doctor Gustavo Prieto, jefe de Cirugía Cardiovascular del HIC Instituto Cardiovascular.
Publicidad
Una enfermedad que cambió sus planes de vida
La historia de Juan Andrés comenzó en noviembre de 2025, cuando empezó a experimentar dificultades para respirar. Una noche, la falta de aire le impidió dormir y decidió acudir a urgencias en Tunja. Hasta entonces, llevaba una vida normal y desconocía que padecía una enfermedad cardíaca.
Publicidad
Tras la primera valoración, fue remitido a Bogotá y posteriormente al HIC Instituto Cardiovascular, donde permaneció hospitalizado durante varias semanas. Los estudios médicos confirmaron una cardiopatía dilatada de probable origen genético y, meses después, recibió la noticia de que necesitaba un trasplante de corazón.
Pese al diagnóstico, el joven asegura que enfrentó el proceso con optimismo y encontró apoyo en su familia y en el equipo médico especializado en falla cardíaca.
“Quiero buscarle la razón, el propósito a esta segunda oportunidad y cuidarme, ser responsable. Gracias a quienes me ayudaron a recuperar mi salud, a mi familia y a la familia del donante, cuya decisión hizo posible que recibiera este corazón”, manifestó.
Publicidad
Ahora, además de cumplir con el tratamiento y los controles médicos permanentes, Juan Andrés proyecta orientar su carrera profesional hacia la gestión de instituciones de salud y la docencia. El proceso también ha significado un cambio para su esposa, quien decidió trasladarse con él a Santander y encontró en el hospital la posibilidad de continuar ejerciendo su profesión como enfermera.
Publicidad
Más de dos décadas de experiencia en trasplantes
De acuerdo con la Fundación Cardiovascular de Colombia, el HIC Instituto Cardiovascular realiza trasplantes cardíacos desde 2004. Con el procedimiento número 300, la institución completa 68 trasplantes pediátricos y 232 en adultos.
El centro médico es, según la FCV, la única institución de la Regional 4 - que comprende Santander, Arauca, Norte de Santander y Cesar - con capacidad para realizar trasplantes de corazón.
Publicidad
La cifra representa más de dos décadas de trabajo de equipos especializados en la valoración de pacientes, su preparación para la cirugía, la intervención y el seguimiento posterior.
Sin embargo, la institución también señaló que estos procedimientos dependen de la disponibilidad de órganos para donación. “Si no hay donantes, no hay manera de tratar a estos pacientes”, recordó el doctor Gustavo Prieto.
Publicidad
En el caso de Juan Andrés, la decisión de una familia de donar permitió que un corazón recorriera cientos de kilómetros y llegara a Santander para darle una nueva oportunidad de vida.