Publicidad
Publicidad
Publicidad
Publicidad
El recuerdo de Camilo Andrés Rojas Rey, joven hincha del Atlético Bucaramanga asesinado en Cúcuta, cruzó fronteras. Su familia y amigos le realizaron una ceremonia religiosa en Melbourne, mientras en el estadio Américo Montanini también preparón un homenaje en su memoria.
Con profundo dolor, familiares y allegados despidieron a Camilo Andrés Rojas Rey, de 24 años, cuya muerte violenta ha causado conmoción entre la afición ‘leoparda’ y la comunidad santandereana.
Desde Melbourne, Australia, su hermana Maye Rojas encabezó una ceremonia en la capilla St Brigid’s Parish, donde recordó los sueños y proyectos que acompañaban al joven.
“Yo quería que él hiciera sus prácticas para graduarse acá o un voluntariado. Mi mamá siempre nos enseñó a soñar en grande y él soñaba demasiado, tenía muchos proyectos”, expresó entre lágrimas.
Familiares describen a Camilo como un joven lleno de metas, apasionado por el fútbol y fiel seguidor del Atlético Bucaramanga. Uno de sus anhelos era recorrer al menos cinco estadios del país antes de radicarse en el exterior.
“Nos entristece infinitamente que un joven lleno de sueños sea víctima de una violencia incomprensible que apaga vidas y muy poco se hace por evitarlo”, señalaron sus allegados.
El homenaje también se vive en casa. Este fin de semana, antes del partido entre Atlético Bucaramanga y Alianza Valledupar, los jugadores le rendirán un minuto de silencio en el estadio Américo Montanini, como gesto de solidaridad con su familia y de rechazo a la violencia.
Publicidad
Maye Rojas recordó a su hermano como un joven soñador, trabajador incansable y profundamente familiar. Contó que Camilo “soñaba más allá de cualquier frontera”, con viajar por el mundo junto a su mamá, celebrar sus 25 años en San Andrés y algún día llegar a Londres. Dijo que no era “amiguero”, como solía bromearle, sino que “cultivaba familia” y construía lazos en cada lugar donde llegaba.
Emprendedor por naturaleza, trabajó como mesero, domiciliario, bartender y vendedor, siempre buscando su propio camino, incluso pedaleando bajo el sol para hacer entregas, no por necesidad, sino por determinación. “Era responsable, firme, presente, la mano derecha de mis papás”, expresó conmovida. “Hoy lloramos a un joven extraordinario, un alma grande y luminosa, arrebatada por personas incapaces de comprender el valor de la vida”.