Para quien ha perdido movilidad, la meta no es simplemente recibir una prótesis, sino volver a caminar con seguridad, sostener objetos con firmeza o desplazarse sin depender de otros. En Colombia, más de 2,6 millones de personas viven con algún tipo de discapacidad, muchas de ellas con barreras para acceder a procesos de rehabilitación integrales. En ese contexto, la innovación tecnológica —desde rodillas mecatrónicas hasta manos con sensores— se abre paso como una alternativa que busca devolver funcionalidad real y autonomía cotidiana.
Por eso, Ottobock plantea un modelo en el que el paciente encuentra en un solo lugar evaluación médica especializada, adaptación personalizada de prótesis u órtesis y acompañamiento clínico continuo.
Uno de los diferenciales es la posibilidad de ajustar la tecnología según la evolución del paciente. Por ejemplo, pasar de caminar trayectos cortos a retomar una jornada laboral completa.
En términos tecnológicos, las opciones van desde pies de fibra de carbono que aportan mayor impulso y resistencia, hasta rodillas mecatrónicas que interpretan el movimiento en tiempo real para ofrecer estabilidad en diferentes superficies. En miembros superiores, los codos mioeléctricos y las manos con sensores permiten movimientos más precisos y naturales, facilitando acciones como subir escaleras, sostener objetos o manipular herramientas con mayor control y menor esfuerzo.
Además, en el campo de la neurorehabilitación, soluciones como el traje de neuromodulación Exopulse Mollii ofrecen alternativas no invasivas para personas con espasticidad u alteraciones del tono muscular. Según explicó Derly Patricia Martínez Barreto, Business Development Manager para Latinoamérica de Ottobock, el propósito es que la tecnología sea un medio y no un fin: apoyar el trabajo clínico, prevenir complicaciones y mejorar la participación activa del paciente en su vida diaria.