Dormir con un reloj o un anillo inteligente se volvió una práctica común para millones de personas que quieren conocer a detalle cuánto descansan, cuánto tiempo pasan en cada fase del sueño o qué tan recuperado está su cuerpo al despertar. Sin embargo, muy pocas personas se han preguntado realmente qué tan precisos son realmente estos dispositivos al determinar los ciclos de sueño.
En Estados Unidos se propuso una demanda colectiva que puso en tela de juicio esta cuestión. En ella, se señala a Oura, fabricante del popular anillo inteligente que lleva el mismo nombre, y cuestiona la exactitud con la que el dispositivo identifica etapas del sueño como el sueño profundo, ligero y REM.
Los demandantes aseguran que la compañía habría exagerado la capacidad de su producto para determinar estas fases, argumentando que algunos procesos del sueño requieren señales que los dispositivos de consumo no pueden medir directamente, como ocurre con herramientas utilizadas en estudios especializados del sueño.
La empresa, por su parte, rechaza las acusaciones y defiende los estudios de validación utilizados para desarrollar sus algoritmos. La compañía también recuerda que sus productos no son dispositivos médicos ni están diseñados para diagnosticar condiciones de salud.
¿Cómo saben los relojes y anillos cuándo estamos dormidos?
A diferencia de los estudios clínicos del sueño, conocidos como polisomnografías, los relojes y anillos inteligentes no utilizan sensores cerebrales para analizar directamente la actividad del sueño.
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En cambio, estos dispositivos combinan diferentes datos recopilados durante la noche, como el movimiento de la persona, la frecuencia cardíaca, la variabilidad del ritmo cardíaco, la temperatura corporal y otros indicadores biométricos.
Con esa información, algoritmos de inteligencia artificial intentan estimar en qué momento una persona está despierta o dormida y en qué fase podría encontrarse. El problema radica en que es que una estimación que no necesariamente equivale a una medición directa.
Por eso, especialistas suelen advertir que los wearables pueden ser útiles para observar tendencias generales —como cambios en los horarios de sueño o patrones de descanso—, pero no deben interpretarse como una herramienta médica definitiva.
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Lo mismo aplica para los Smartwatch
Aunque la demanda está dirigida a Oura, la polémica salpica a toda la industria de los dispositivos de seguimiento de salud, ya que relojes inteligentes como los de Apple, Samsung, Garmin y otros fabricantes utilizan tecnologías similares para ofrecer funciones relacionadas con sueño, actividad física y recuperación.
La interrogante que se genera a partir de este caso es hasta dónde pueden llegar las promesas de los equipos inteligentes y qué información debe entender un usuario como una aproximación y cuál como un dato clínicamente comprobado.
En Colombia, donde los relojes inteligentes tienen una presencia mucho mayor que los anillos especializados, hay que tener en cuenta en todo momento que estas herramientas pueden ser útiles para conocer hábitos personales, pero no reemplazan una evaluación médica.