Tino Asprilla recuerda las multas que tuvo que pagar en el Parma: "Un millón"
El exdelantero también reveló cuál fue la multa más costosa que tuvo que pagar, pese a sus intentos de evitarlo.
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Faustino Asprilla recordó en Blog Deportivo las curiosas multas que tuvo que pagar durante su etapa en el Parma de Italia, a propósito del nuevo modelo del técnico Albert Riera en el Eintracht Frankfurt, que incluye una ruleta con castigos económicos y tareas adicionales.
El exdelantero colombiano aseguró que fue en Italia donde realmente conoció lo que era un régimen disciplinario estricto.
“En el Parma pagué muchísimas multas, pero fue el único equipo. En Newcastle no había, en Brasil tampoco. En Italia sí, había multas por todo”, recordó. Llegar tarde a un entrenamiento, al comedor o a la charla técnica era motivo suficiente. Incluso, patear al arco sin haber calentado podía costar dinero, pues eso era un riesgo y podía terminar en una lesión.
Y justamente por ahí empezó una de sus anécdotas más recordadas. Mientras el técnico Nevio Scala organizaba los entrenamientos, Asprilla hacía apuestas con sus compañeros.
“Yo les decía que así, frío y todo, desde la mitad de la cancha le pegaba al travesaño. Apostemos: un millón cada uno”, contó entre risas. Siete compañeros aceptaron el reto. El ‘Tino’ pateó, el balón pegó en el travesaño y el entrenador, furioso, preguntó quién había sido. “Fui yo, profe”, respondió. Multa de un millón de liras. Negocio redondo: pagó uno, ganó siete.
La multa más alta que recuerda fue de tres millones de liras por llegar tarde a un entrenamiento, luego de que cambiaran la cancha sin que él se enterara. Aunque el delantero explicó lo sucedido, "no hubo nada que hacer”. En el Parma, el capitán Lorenzo Minotti era el encargado de llevar el registro en pequeños papeles que luego se convertían en cheques cuando el técnico ordenaba saldar cuentas.
Fue ahí cuando Asprilla intentó "avivarse". Mientras buscaba la papeleta de los tres millones entre el montón, decidió desaparecerla de la manera más insólita: “La cogí y me la metí a la boca… me la tragué”. Sin embargo, el plan no salió perfecto. “Me equivoqué. En vez de la de tres millones, me tragué una de 300.000; me faltó un cero”, confesó.
Ahora bien, el dinero de estas multas tenía un fin solidario. En diciembre se recogía el saldo y se entregaba a niños que estaban enfermos en hospitales.
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