El fenómeno de los therians gana terreno en redes y convoca encuentros masivos en Bogotá, mientras expertos advierten que no toda identificación con animales es un trastorno mental. La psicóloga Débora Pedace explica cuándo se trata de una expresión simbólica y cuándo puede derivar en un problema psiquiátrico que requiere atención urgente.
El fenómeno de los therians —personas que se identifican internamente con animales— ha comenzado a generar debate en Colombia tras la convocatoria a un “mega convivio” en el Parque Simón Bolívar de Bogotá. El encuentro, promovido en redes sociales para el próximo 28 de febrero, invita a “convivir con personas que se identifican con animales”, con actividades y juegos incluidos. Ante la creciente visibilidad del movimiento, el programa Mañanas Blu, dirigido por Néstor Morales, consultó a la psicóloga argentina Débora Pedace, quien ha estudiado este fenómeno en su país.
Convocatoria de therians en Bogotá
La pregunta central es clara: ¿se trata de una moda juvenil, una expresión identitaria o de un problema de salud mental?
¿Qué son los therians y por qué generan polémica?
De acuerdo con Pedace, los therians son personas que “se identifican internamente como un animal”. La especialista explicó que es fundamental diferenciar entre una identificación simbólica y una creencia delirante.
“Una cosa es una identificación simbólica. La persona dice: ‘me siento lobo, me identifico con un perro’, pero entiende que biológicamente es un humano. Ahora, también hay lo otro, es la creencia delirante”, señaló.
El debate sobre los therians ha escalado en redes sociales, donde circulan videos de jóvenes usando máscaras, desplazándose en cuatro patas o imitando conductas animales. En Argentina, incluso, se reportó la apertura de una escuela exclusiva para personas que se identifican con perros. Según la psicóloga, la viralización ha sido determinante en la expansión del fenómeno: “Cuanto más se muestra el tema, más aparecen las personas”.
Identificación simbólica vs. trastorno psiquiátrico
Uno de los puntos más relevantes de la entrevista fue la distinción clínica entre expresión simbólica y patología. Pedace fue enfática al afirmar que no todo comportamiento que resulta “anormal” es necesariamente patológico.
“Lo patológico aparece cuando hay pérdida de juicio de realidad”, explicó. Esto ocurre cuando la persona cree literalmente que es un animal y actúa en consecuencia, afectando su salud o su funcionamiento cotidiano.
Publicidad
La especialista detalló casos en los que adolescentes afirmaban comer alimento para mascotas o acudir al veterinario en lugar de un médico. “Cuando empiezan las autoagresiones o el atentado contra la propia vida, ahí ya está dentro del cuadro psiquiátrico y hay que intervenir de forma urgente”, advirtió.
En contraste, si se trata de una identificación simbólica sin deterioro funcional, el abordaje es distinto. “Una cosa es que me sienta identificado con un lobo y otra muy distinta es que crea que mi biología cambió”, puntualizó.
Supuestos therian en Bogotá
Foto: captura de video
Adolescencia, identidad y redes sociales
El fenómeno therian se presenta principalmente en adolescentes. Según Pedace, esta etapa vital está marcada por la búsqueda de identidad y por un desarrollo cerebral aún incompleto, especialmente en la corteza prefrontal, encargada del juicio y la toma de decisiones.
Publicidad
La adolescencia está enmarcada entre los 13 y los 18 años, pero hoy sabemos que se va corriendo. Te encontrás con personas de 40 años siendo adolescentes
afirmó.
Para la psicóloga, muchos jóvenes que adoptan esta identidad atraviesan situaciones de sufrimiento, exclusión o bullying. “En definitiva, lo que hay es una evasión. Quiero salir de la realidad que me duele tanto. Entonces me pongo una máscara para poder evadir esa realidad”, explicó.
En ese sentido, el problema de fondo no sería la identificación con un animal, sino un déficit en la construcción de identidad. “No importa el objeto al que ellos se identifiquen. Tiene que ver más con un problema deficitario de la identidad y de lo mal que estoy internamente”, sostuvo.
Las redes sociales cumplen un papel amplificador. “Sin redes sociales era mucho más difícil que alguien se identifique con esto. Hoy vivimos expuestos 24/7 y eso hace que crezca y se viralice mucho más”, agregó.
¿Cómo deben actuar padres frente a los therians?
Frente a la pregunta sobre cómo reaccionar ante un hijo que se identifique como animal, Pedace evitó respuestas absolutas, pero subrayó la importancia de establecer límites.
“Cuando alimentas el síntoma, el circuito se hace cada vez más grande”, afirmó. La especialista relató el caso de una familia que respondió marcando límites coherentes con la lógica de la identidad adoptada por la menor, lo que llevó a que desistiera en pocos días. “El límite da seguridad”, aseguró.
Sin embargo, también advirtió que si el adolescente acepta conductas que pongan en riesgo su salud —como alimentarse exclusivamente como un animal—, se requiere intervención psiquiátrica inmediata.
En cuanto a la actitud social, fue clara: “Primero, no ridiculicemos ni convirtamos esto en un espectáculo”. Para Pedace, la burla y la exposición mediática pueden incentivar la adopción de esta identidad en jóvenes vulnerables que buscan pertenencia.
Un fenómeno antiguo con nuevos nombres
Finalmente, la psicóloga contextualizó el debate dentro de la historia de los problemas identitarios. “El problema de identidad existió siempre. Lo que pasa es que antes no teníamos la posibilidad de expresarlo como hoy”, reflexionó.
Publicidad
Desde su perspectiva, el fenómeno therian no es un hecho aislado, sino una manifestación contemporánea de conflictos identitarios que han adoptado distintas formas según el contexto cultural y tecnológico.
Mientras en Bogotá se prepara el “mega convivio” y en Argentina el fenómeno continúa en expansión, la discusión sobre salud mental, identidad y redes sociales sigue abierta. Más allá del impacto mediático, el llamado de los expertos es a analizar el trasfondo psicológico sin caer en la estigmatización, pero tampoco en la normalización acrítica de conductas que puedan implicar riesgos para la integridad de los jóvenes.
En palabras de Débora Pedace: “Una cosa es permitir esta expresión simbólica y otra cosa es naturalizarla con pérdida de realidad”. El desafío, concluye, está en encontrar ese equilibrio.