¿Cómo saber si una carrera seguirá siendo vigente en el futuro?
El rector de LCI Bogotá, Emilio Jiménez Ibáñez, advirtió que los tiempos de la educación superior no avanzan al ritmo de los cambios tecnológicos, lo que pone en riesgo la pertinencia de los programas académicos frente a un mercado laboral cada vez más acelerado.
La educación superior enfrenta uno de sus mayores retos históricos: responder con velocidad a un mundo que cambia más rápido de lo que tardan en formarse los profesionales.
Ese desfase entre la realidad y los programas académicos es lo que expertos llaman “futuribles”, un concepto que invita a pensar la educación como una línea de tiempo que hoy va por detrás del contexto.
Foto: Ministerio de Educación.
Así lo explicó Emilio Jiménez Ibáñez, rector de LCI Bogotá, quien advirtió que mientras sectores como el petróleo o los mercados financieros planean escenarios futuros, la educación sigue atada a procesos lentos que dificultan la actualización de los contenidos.
Según Jiménez, diseñar hoy un nuevo programa académico puede tardar varios años entre su estructuración, aprobación oficial y la graduación de los primeros estudiantes.
El problema es que, para cuando esos profesionales salen al mercado laboral, muchas de las competencias para las que se formaron ya quedaron obsoletas. “Estamos diseñando el futuro con ideas del pasado”, resumió.
Empresas que se adelantan a las universidades
Ese rezago ha llevado a que muchas empresas opten por formar directamente a su talento humano, sin pasar por la universidad. Grandes compañías tecnológicas ya no exigen títulos profesionales, sino habilidades concretas y disposición para aprender. Para Jiménez, este fenómeno obliga a las instituciones de educación superior a replantear su rol y a acercarse más al sector productivo.
“Si la universidad no entiende qué necesita realmente la sociedad, simplemente va a ser ignorada”, señaló.
En ese contexto, la conexión con las empresas y el entorno real se vuelve tan importante como la formación académica tradicional.
¿Carreras más cortas no hacen educación de calidad?
Una de las respuestas a este desafío ha sido la creación de programas más cortos e intensivos. En el caso de LCI Bogotá, los estudiantes pueden terminar una carrera en menos tiempo gracias a calendarios académicos con más periodos al año y sin largas pausas. Esto, además de reducir costos, permite una incorporación más rápida al mercado laboral.
Estudiantes de universidad.
Foto: Universidad Externado.
Publicidad
Para Jiménez, el futuro no será de un solo modelo, sino de una combinación entre experiencia, madurez y aprendizaje continuo, especialmente en un país que se encamina a una meseta poblacional y donde cada vez habrá más estudiantes adultos buscando actualizarse.
Inteligencia artificial: ¿amenaza u oportunidad?
La inteligencia artificial es otro de los grandes factores de cambio. Aunque ha transformado áreas como el diseño gráfico, la fotografía o la comunicación visual, Jiménez considera que no elimina al profesional, sino que redefine su papel. El valor ya no está solo en la ejecución, sino en el pensamiento conceptual, la estrategia y la capacidad de guiar a la tecnología.
IA cambiaría el rol a más de 790.000 empleos
Foto: Freepik
Además, advirtió que las herramientas de IA aún tienen limitaciones y sesgos, por lo que el trabajo humano —especialmente el analógico y creativo— podría ganar más valor en el futuro.
Finalmente, el rector señaló dos grandes demandas del mercado laboral actual: la actualización constante en competencias tecnológicas y el fortalecimiento de las llamadas power skills, como la comunicación, el trabajo en equipo y el pensamiento crítico. La combinación de ambas será decisiva para la empleabilidad en los próximos años.