Catorce años después del episodio que marcó uno de los momentos más tensos entre comunidades indígenas y la fuerza pública en el norte del Cauca, el nombre del sargento Rodrigo García Amaya volvió a ser noticia.
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Esta vez no por el llanto que le dio la vuelta al mundo en 2012, cuando fue retirado a empujones por miembros de la Guardia Indígena en el cerro Berlín, en Toribío, sino por un inesperado reencuentro radial con Alfredo Acosta, hoy designado ministro de la Igualdad.
El diálogo se dio en Mañanas Blu, con Néstor Morales, donde Acosta —entonces líder indígena del pueblo Nasa— buscó al uniformado retirado para ofrecerle disculpas públicas y cerrar un episodio que quedó grabado en la memoria colectiva del país. “Yo quería abrazarlo, decirle excusas por lo que pasó, porque entiendo todo el escenario de guerra que ustedes vivían”, le dijo el hoy ministro al sargento, en una conversación cargada de emotividad y llamados a la reconciliación.
García, quien ya no pertenece a las filas del Ejército, respondió con serenidad y sin rastro de resentimiento. Incluso felicitó a Acosta por su nombramiento y aseguró que el episodio nunca fue motivo de odio. “Nunca hubo ningún tipo de resentimiento. Yo estaba cumpliendo mis funciones institucionales”, afirmó.
¿A qué se dedica el sargento Rodrigo García?
Pero una de las frases que más llamó la atención de los oyentes fue cuando Morales le preguntó directamente a qué se dedica hoy. Lejos de cargos públicos, escoltas o posiciones de poder, el exsargento contó que su vida transcurre como la de millones de colombianos del común: trabaja en un contact center.
“Yo ahora soy un operario en un call center. Me subo al metro todos los días, llevo mi coca —la del portacomidas—, hago créditos y pago créditos con otros créditos, como cualquier parroquiano”, relató con humor y franqueza, describiendo una realidad que conecta con la de miles de trabajadores del país.
García también confirmó que recibe su asignación de retiro tras haber salido del Ejército hace cuatro años, pero dejó claro que sigue activo laboralmente, lejos de los reflectores.
“Es un verdadero militar de nuestra patria porque no nos disparó”, dijo Acosta, destacando la actitud del entonces sargento durante los hechos de 2012.
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El episodio, que en su momento reflejó la crudeza del conflicto en territorios indígenas, hoy se transforma en una escena de diálogo, perdón y coincidencias humanas.