Publicidad

Reciba notificaciones de Blu Radio para tener las principales noticias de Colombia y el mundo.
No activar
Activar

Publicidad

Ser leal no es quedarse a cualquier precio

Que quede claro ser leal no significa tolerar abusos, silencios que destruyen la dignidad o pactos que nos alejan la verdad y de los valores.

Alberto Linero.png
Alberto Linero.
Foto: suministrada.

Me he encontrado con amigos, socios que son leales hasta el final, acompañan al otro en las peores situaciones y mantienen un vínculo firme y honesto. También me he encontrado con amistades, sociedades que se han acabado por actos desleales.

Viendo lo que sucede por estos días entre los líderes políticos y sus amigos, me pregunto: ¿tiene límites la lealtad?, creo que la respuesta es contundente, Sí. Porque la lealtad no es obediencia ciega, ni sumisión total, ni alcahuetería. Sabemos que una virtud que se gesta en el amor, el respeto y la confianza pero no puede convertirse en una cárcel emocional ni una excusa para justificar cualquier tipo de acciones.

Que quede claro ser leal no significa tolerar abusos, silencios que destruyen la dignidad o pactos que nos alejan la verdad y de los valores que se han asumido como directivas de la vida. Creo que los límites se presentan en:

  1. La propia dignidad. No podemos mantenernos fieles a quien nos pide traicionarnos a nosotros mismos. Puede doler retirarse de un lugar al que hemos entregado afecto, energía y presencia o acabar una relación que hemos sostenido por mucho tiempo, pero hay que hacerlo. Aquí la primera lealtad es con uno mismo.
  2. Los valores éticos y morales que proclamamos y queremos vivir. Ninguna relación nos puede exigir que vayamos en contra de lo que consideramos malo, antiético y que niega las opciones fundamentales que hemos hecho en la vida. Es preferible decir hasta aquí que luego sentir que nos fallamos incumpliendo nuestros valores éticos.
  3. La legalidad. No podemos escondernos en la lealtad a alguien para hacer lo que la ley pena. Es necesario saber respetar las normas que nos guían y nos aseguran una sana y justa convivencia.

Que quede claro una lealtad madura no se fractura por disentir ni se desvanece por poner límites; al contrario, se fortalece cuando hay espacio para la verdad, la libertad y el crecimiento mutuo. Porque ser leal no es quedarse a cualquier precio, es permanecer mientras haya sentido. Cuando ya no lo hay, tener el valor de partir con el corazón en paz. Como decía Aristóteles "Amicus Plato, sed magis amica veritas": “Soy amigo de Platón, pero más amigo de la verdad”.

Publicidad

Publicidad

Publicidad