Durante una sesión académica en la Academia Nacional de Medicina, principal corporación científica médica del país, se presentó un estudio liderado por la farmacéutica alemana Merck que analiza la brecha de género en la medicina en América Latina y evidencia una marcada disparidad entre la participación femenina en la formación profesional y su acceso a posiciones de poder.
El informe expuso la llamada paradoja del “70–30”: aunque alrededor del 70 % de quienes estudian medicina son mujeres, esa proporción disminuye de manera progresiva a lo largo de la carrera profesional hasta situarse en cerca del 30 % o menos en espacios de liderazgo y toma de decisiones.
El estudio evaluó sociedades médicas, hospitales y universidades en siete países de la región y encontró que solo dos de cada diez sociedades científicas están presididas por mujeres. Además, la participación femenina en comités directivos no supera el 29,7 %; apenas una de cada nueve facultades de medicina está dirigida por una mujer, y las médicas perciben entre 30 % y 40 % menos ingresos que sus colegas hombres en condiciones comparables.
La investigación también advierte sobre barreras estructurales: el 90 % de las líderes médicas reportó haber experimentado al menos un comportamiento de acoso o abuso de poder, y la probabilidad de que una mujer llegue a ser investigadora principal es 20 % menor que la de un hombre.
Durante la sesión, el presidente de la Academia, Gabriel Carrasquilla, reconoció la baja participación femenina dentro de la institución e invitó a las trabajadoras de la salud a vincularse y participar activamente en sus espacios académicos.
Ivonne Díaz, directora de acceso de Merck para Centroamérica, explicó en Blu Radio que el fenómeno responde a causas multifactoriales. Señaló que existen factores individuales, interpersonales e institucionales, como la falta de políticas claras de recursos humanos y de transparencia salarial, así como percepciones sociales que asocian el liderazgo con figuras masculinas y limitaciones en materia de políticas públicas.
Según Díaz, medir y visibilizar estas brechas es un primer paso para impulsar cambios. La experta indicó que es necesario establecer líneas de base, analizar las diferencias salariales y fijar metas de participación femenina en cargos directivos, sociedades científicas e instituciones de salud.
El mensaje central de la sesión fue que el debate trasciende la equidad de género. De acuerdo con la evidencia presentada, una mayor participación de mujeres en el liderazgo en salud se asocia con mejores resultados en la calidad de la atención y en el desempeño general de los sistemas de salud.