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Nada se consigue mágicamente ni con un chasquido de dedos

Columna de opinión sobre el caso de la enfermera Blanca Zuluaga, que, a lomo de mula, lleva las vacunas COVID a zonas apartadas de Aranzazu.

Albert Linero Instagram @PLinero.jpeg
Albert Linero
Foto: Instagram @PLinero

En el mundo del internet, de las redes sociales, de los viajes al espacio como el de Perseverance al planeta rojo, de incipientes robots que comienzan a desplazar al ser humano, me impresiona encontrarme con la historia de la enfermera Blanca Zuluaga. Ella, vestida con todos los elementos de bioseguridad, armada con los implementos necesarios: algodones, alcohol y demás, emprende todos los días largos recorridos a lomo de caballo por algunas trochas en las que atraviesa ríos y montañas del departamento de Caldas para llevar la vacuna del COVID a las personas que, por distintas razones, no pueden llegar hasta los centros de vacunación en la cabecera municipal de Aranzazu.

La imagen no solo es el reconocimiento de lo complejo de nuestra realidad geográfica y de las dificultades que viven algunos lugares del país por falta de una buena infraestructura, sino que revela dos valores fundamentales que deberían estar presentes en quienes ejerzan una función en favor de la comunidad:

1. La vocación a servir, a ayudar a los otros, que es fundamental en estos tiempos en los que priman más los intereses particulares que nos privan de entender el valor de pensar en el otro, de ayudarlo solidaria y generosamente. Necesitamos en nuestra sociedad más hombres y mujeres con esa vocación de servicio que los haga asumir tareas duras para propiciar que los demás tengan mejores condiciones para realizarse.

2. El compromiso con el que realiza su función. Podría encontrar excusas para no hacer esos viajes a lomo de caballo, pero cumplir con los objetivos propuestos supone un trabajo duro y denodado. Entiendo el compromiso como esa actitud de sostener nuestra opción fundamental con pequeñas y constantes decisiones diarias. La realización de los planes que tenemos exige un gran esfuerzo que implica todas nuestras capacidades; nada se consigue mágicamente, ni con el chasquido de dedos, hay que dar lo mejor de uno para lograrlo.

Carlos Heredia, el director territorial de Salud de Caldas dice: Como Blanquita tenemos más de 200 personas vacunadoras, con esa sensibilidad, con ese profesionalismo, con ese rigor por hacer bien las cosas; es un privilegio para el departamento contar con estas personas”. Este tipo de historias me llenan de esperanza y quisiera que nos inspiren a todos a ser cada día más y mejores servidores de los demás. En momentos como los que vivimos, estos relatos son motivo para creer que somos capaces de superarnos cada vez más.

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Escuche aquí la opinión de Alberto Linero:

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