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La tarde noche del sábado estuvo cargada de emociones en Bucaramanga, desde el Puesto de Mando Unificado (PMU) las autoridades confirmaron que hasta el momento no se ha registrado ingreso de ciudadanos venezolanos al departamento de Santander, pese a la expectativa generada por la situación en el vecino país.
Desde las 5 de la tarde, decenas de familias venezolanas comenzaron a llegar al Parque de los Niños en Bucaramanga, donde la jornada se transformó en una emotiva celebración: espuma, pitos, tambores, abrazos y lágrimas se mezclaron en un mismo sentimiento de esperanza.
“Hoy volvimos a soñar”, expresó una madre venezolana mientras abrazaba a su hijo. Otros manifestaron que, por primera vez en años, sienten que el regreso a su tierra ya no es solo un deseo lejano.
En medio de la multitud, Betzabet Jiménez, migrante venezolana, compartió su historia: “Estoy muy contenta por lo que está ocurriendo en Venezuela, llevo ocho años en Colombia y toda mi familia está allá, mi mamá, mis hermanos, mis sobrinos. Espero poder celebrar una Navidad en Venezuela; ahora vamos a poder estar juntos, a las personas que no entienden nuestra celebración les pedimos empatía, porque lo que está pasando es muy importante, estamos viendo un destello de libertad. Este es solo el primer paso, todavía falta muchísimo", relató.
Varios de los asistentes afirmaron que ahora anhelan regresar a Venezuela en los próximos meses o dentro de un año, si las condiciones lo permiten. Para muchos, la posibilidad de reencontrarse con sus familias, recuperar sus hogares y reconstruir su país dejó de ser una utopía y comenzó a sentirse como un futuro posible.
En la región permanecen actualmente más de 60 mil venezolanos, quienes han encontrado en Santander un lugar para reconstruir su vida. Muchos trabajan en los distintos municipios, mientras que sus hijos asisten a escuelas y colegios, formando ya parte del tejido social de la región.
Mientras tanto, las autoridades mantienen el monitoreo permanente de la situación y reiteraron el compromiso de garantizar la convivencia, el orden público y la atención humanitaria, acompañando de cerca a una comunidad que, aunque lejos de su patria, mantiene viva la esperanza.